jueves, 17 de agosto de 2017

La Vela de la Candelaria


Hasta muy avanzado el siglo anterior era costumbre de los bolivarenses localizar el cuerpo de un ahogado en el Orinoco mediante el rito de La Vela de la Candelaria que consistía en poner a navegar una totuma con una vela encendida en su interior. Donde parara la totuma casi seguro que allí los buzos podían zambullirse y recuperar el cuerpo del ahogado.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Los Chapichapis del Orinoco



Las olas menudas que rielan al río en trechos largos y repentinos se conocen con el nombre de “chapichapis”, particularidad fónica con la cual el curiarero o lanchero identifica a las olas pequeñas que chocan contra el casco de la nave en curso.  También son fenómenos ocasionales, producto de las corrientes que se rozan  antes de entrar en remanso.

martes, 15 de agosto de 2017

Las Tres Marías del Orinoco


“Cuídate de las Tres Marías” es  expresión proverbial en la navegación por el Orinoco. Desde el estuario deltano hasta Puerto Ayacucho pueden repentinamente aparecer las “Tres Marías”: tres grandes olas que sobresalen del resto de las olas para anegar o sepultar la lancha o curiara que se desplace por el río. 


lunes, 14 de agosto de 2017

Los Chubascos del Orinoco


Los Chubascos, aguaceros con mucho viento que encrespan la superficie del Orinoco, nubarrones oscuros, cargado de humedad, suelen presentarse repentinamente y  empujado por la brisa fuerte se resuelven en agua o viento capaz de chocar contra un escollo y hacer naufragar al patrón más diestro y prevenido en la navegación fluvial, así como ocurrió a la balandra “La Emilia” de Francisco Bártoli el 20 de enero de 1927 al chocar en Angosturita contra la Piedra de la Lavandera. Afortunadamente los daños no fueron mayores porque muy a tiempo salió en auxilio la lancha de Andrés Pietrantoni, presidente de la Electricidad de Ciudad Bolívar.



domingo, 13 de agosto de 2017

La Laja de la Sapoara


En la Laja de la Sapoara, hoy sepultada al pie del antiguo Cine Río, era realmente abundante en agosto el cardumen de Sapoaras imantadas por corrientes encontradas y tradicionalmente ahí se establecían desde la madrugada numerosos tarrayadores.  Por ser la enorme laja empinada y resbaladiza el pescador tomaba sus precauciones, tenía conciencia plena de lo que significaba disparar como  capote el esparavel.  Había que tener uñas de acero en los pies y afincarlas poderosamente sobre la piedra inmensa.  Allí, Gallegos, en su novela Canaima, puso en peligro la vida de Marcos Vargas mientras el poeta Héctor Guillermo Villalobos  lamentaba: “¡Ay, mi madre! en el traspiés / Y nada más…El río brama / ¡Qué muerte resbaladiza! /Qué traicionera puntada! /  Y así se lleva a los hombres / la Laja de la Zapoara

         

Los Pailones del Orinoco



Los Pailones del Orinoco son remolinos de agua que surgen de pronto interrumpiendo la placidez de la superficie fluvial y se tragan al humano, a la nave o cualquier cosa que pase por su radio de alcance.        Son movimientos giratorios y rápidos del agua producidos por corrientes encontradas o que simplemente chocan contra la roca sumergida, pero lo sorprendente es que no son fenómenos constantes y permanentes, sino que surgen súbitamente.  “Cuidado con los Pailones” alertan al navegante.  “Timonea un poco a babor” o “Un poco hacia estribor”, gritan desde la proa tratando de eludir en el curso de la navegación la trampa fluvial.

viernes, 11 de agosto de 2017

LA PRIMERA CHALANA DE HIERRO



LA PRIMERA CHALANA DE HIERRO
La primera Chalana de hierro que cruzó el Orinoco (1940) la bautizó Monseñor Miguel Antonio Mejías con el nombre de “inalugo”  en honor a sus patrocinadores Jorge Inatti y Delvalle Lugo, el primero financista y el segundo mecánico soldador aprendiz de ingeniería naval.  La “Inalugo” naufragó en el río Apure casualmente cuando su constructor, quien también era piloto de avioneta  moría en un accidente de tránsito.